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11 de septiembre de 2025

Los seis balnearios de Extremadura generan 200.000 pernoctaciones y 600 empleos directos al año

La Asociación de Balnearios de Extremadura cifra el impacto del sector: 200.000 pernoctaciones y 600 empleos directos en seis establecimientos. Datos presentados en el II Curso Internacional de Termalismo.

Ver fuente: Prensa Mercosur / Junta de Extremadura

Extremadura tiene seis balnearios. Seis. Y aun así, según los datos presentados en septiembre de 2025 por la Asociación de Balnearios de Extremadura durante el II Curso Internacional de Termalismo organizado por la Universidad de Vigo en el Balneario de El Raposo, esos seis establecimientos generan alrededor de 200.000 pernoctaciones al año y sostienen 600 empleos directos.

Es una cifra que obliga a detenerse. 600 empleos directos repartidos entre seis centros supone una media de 100 por establecimiento. En municipios donde la industria es limitada y el empleo se concentra en pocos actores, un balneario es, literalmente, infraestructura económica.

Los establecimientos mencionados son: Baños de Montemayor, Valle del Jerte, El Salugral, Fuentes del Trampal, Balneario de Alange y Balneario de El Raposo. Todos están en entornos rurales. Y todos cumplen esa función de anclaje territorial que la política pública suele invocar en discursos sobre despoblación, pero que rara vez respalda con narrativa y visibilidad.

El director general de Turismo de Extremadura, Óscar Mateos, los describió como centros de bienestar, innovación y desarrollo profesional, subrayando además la tradición romana del termalismo extremeño. La referencia histórica es correcta. Lo que conviene añadir es la lectura moderna: el termalismo es una de las pocas industrias rurales capaces de generar pernoctaciones de varios días, con gasto distribuido y poco dependiente del clima.

200.000 pernoctaciones no son solo noches de hotel. Son comidas en restaurantes, consumo en comercios locales, taxis, visitas culturales, empleo indirecto. Cada pernoctación tiene un multiplicador económico. En turismo de salud, además, la estancia media suele ser mayor que en turismo de ocio: el usuario de termalismo se queda, como mínimo, varios días. Y en programas como el IMSERSO, el patrón de estancia es de 9 noches.

La clave es la desestacionalización. Un balneario bien gestionado puede operar con demanda relativamente estable durante gran parte del año: primavera y otoño para el cliente de salud, verano para el cliente de ocio, invierno si existe una propuesta diferenciada (programas de longevidad, recuperación activa, etc.). Esa estabilidad es lo que lo convierte en motor rural.

El reto de Extremadura es doble:

  1. Visibilidad. Fuera de la región, mucha gente no sabe que existen balnearios como Alange o El Raposo, y menos aún con qué propuesta clínica o turística.

  2. Narrativa de salud. Si Extremadura quiere atraer turismo de salud nacional e internacional, necesita comunicar con más rigor: qué aguas, qué indicaciones terapéuticas, qué protocolos, qué equipo médico. No basta con “relax”.

La oportunidad existe porque la base —infraestructura, tradición, territorio— ya está. Y porque el envejecimiento poblacional y el interés por la salud preventiva no son tendencias pasajeras: son el marco de la próxima década.